Investigación del homicidio. 2ª parte: Variables circunstancias, locales e intrumentales

Expuestas las variables causales y temporales en la investigación de los homicidios procede hablar ahora de las variables personales que tienden a dar respuesta a la pregunta ¿quién ha cometido el crimen? y para ello debemos dar respuesta a otras variables imprescindibles para poder esclarecer todas las circunstancias que rodean la ejecución del crimen.

Para ello, los investigadores policiales responsables de su ejecución como comisionados de la Autoridad Judicial, expertos en la investigación de homicidios y que suelen estar integrados en unidades altamente especializadas en unidades orgánicas de policía judicial, deben centrar la atención en el estudio en profundidad de la víctima y oír en declaración a los testigos presenciales.

En relación con la víctima y como punto de partida el resultado de la inspección ocular especializada, teniéndose en cuenta que el cuerpo de la víctima es una extensión de la escena del crimen, se deben preguntar cuando analicen a la víctima, entre otras cosas:

  • ¿Cuál era la posición del cadáver?
  • El cuerpo aparece depositado o ha sido arrastrado
  • ¿Está íntegro?
  • ¿Se aprecian heridas de defensa en la victima?
  • ¿Qué ropas llevaba?
  • Existen partículas extrañas adheridas al cuerpo o ropas
  • ¿Aparecen objetos extraños a su alrededor?
  • ¿Existen signos de agresión sexual?
  • Aspecto de la víctima para determinar la existencia de firma del delincuente
  • ¿Se ajusta la posición del cuerpo en su aparición final con los hechos ocurridos y que se han reconstruido?
  • ¿Cómo llegó el cuerpo al lugar donde se encontró?
  • ¿Hay evidencias de que el cuerpo fue manipulado en su posición final
  • ¿En qué punto durante la comisión del delito se deduce estuvo inicialmente el cuerpo en la escena?
  • Si se aprecia que fue abandonado en ese lugar ¿por qué se considera haber escogido ese lugar?

Analizada la víctima y después de haber analizado el resultado de la autopsia se puede tener una idea clara y con la finalidad de determinar cuál ha sido el modus operandi empleado en la consumación del crimen, procede analizar en esta fase las variables circunstanciales, locales e instrumentales para dar respuesta al ¿cómo, dónde y con qué instrumento se consumó el crimen?

Para ello debemos averiguar cómo se ha ejecutado la agresión y cómo ha interactuado la víctima. No debemos olvidar que la respuesta a este interrogante nos lo dará el estudio que sobre ella hemos realizado con anterioridad y resultará básico para determinar como se ejecutó.

En relación con el modus operandi debemos tener en cuenta que los homicidas como otros delincuentes, cometen el delito de una forma determinada, y con unas características muy especiales a las que denominaremos “firma”.

El modus operandi (MO) es un término latino que significa “modo de operar” (literal) y en Criminalística hace referencia al modo característico de actuar de un delincuente, es decir, a la manera en que el delito ha sido cometido.

Por una parte, implica el conjunto de todas las acciones llevadas a cabo para la comisión del hecho delictivo, desde las acciones o actividades preparatorias, hasta las que dan por terminado el delito. Los diferentes tipos de modus operandi, pueden incluir numerosas y diferentes acciones entre las que se pueden incluir[1]:

  • Un determinado número de agresores.
  • Planificación antes de la comisión del delito.
  • Selección de lugares en los que cometer el delito (diferentes escenarios).
  • Recorridos realizados y el medio de transporte utilizado.
  • Vigilancias realizadas antes de la comisión del delito.
  • Uso de diferentes armas.
  • Uso de herramientas o material especial para la inmovilización de la víctima.
  • Número y tipo de heridas causadas a la víctima y secuencia de las mismas.
  • Forma y método de producir la muerte y/o abandono de la víctima.
  • Medidas de seguridad adoptadas.
  • Escenificación de la víctima o del escenario.
  • Obtención de “trofeos” y
  • Rutas de acceso y salida de los escenarios.

El estudio de todos estos factores nos puede dar la respuesta a las preguntas antes formuladas de ¿cómo, dónde y con qué instrumento se agredió a la víctima?

Por otra parte, el conjunto de dichos actos conforman un patrón, generalmente estable, pero que puede cambiar por evolución, propia de cada delincuente, convirtiéndose en una característica identificativa de actuación.

La evolución puede ser debida, en muchas ocasiones, a un intento de impedir la posible identificación o detención, pero en la mayoría de ellas es un “aprendizaje” en su ejecución, a veces provocada por errores o fallos en la ejecución. Es posible que un medio de inmovilización no sea tan resistente como se creía, y es necesario sustituirlo; es posible que el uso de un arma o instrumento determinado no sea lo suficientemente amenazante, y es necesario sustituirlo; es posible que una zona determinada haga complicada la ejecución, y es necesario cambiar de zona; y así sucesivamente hasta llegar a conseguir su propio equipo (kit) de actuación, tanto en material como en personal o geográficamente[2].

Otro de los aspectos más relevantes en la investigación de un homicidio es la toma de declaraciones a todos los testigos presentes en la escena del crimen, familiares, amigos y todos aquellos que puedan ayudar a esclarecer lo que sucedió en el intervalo de tiempo que se deduce se ha ejecutado el crimen y de la que se hablará con más detenimiento por considerarse el interrogatorio de testigos una diligencia básica en la investigación de estos delitos.

De este tema y de las variables determinantes para esclarecer el móvil del crimen y construir la hipótesis criminal se hablará en la siguiente entrada.

[1] IBÁÑEZ PEINADO, J, Técnicas de Investigación Criminal, pp. 245 y ss, Editorial Dykinson, Madrid, 2012

[2] IBAÑEZ PEINADO, J., Técnicas de investigación Criminal, op. cit,  pp. 245 y ss.

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