Investigación del homicidio 4ª parte: La hipótesis criminal y la serendipia

Se dice que serendipia consiste en un descubrimiento o hallazgo casual, afortunado, e inesperado y que se produce de forma accidental o cuando se estaba buscando algo distinto a lo hallado. También se dice que puede referirse a la especial habilidad de determinados sujetos de reconocer públicamente que han hecho un descubrimiento importante aunque no tenga relación con lo que busca. Existen casos de serendipias en determinadas obras literarias de dudosa calidad artística en el que el autor o autora describe algo que se ha imaginado y que sus lectores no conocen en el momento que lo citan pero que después se demuestra que eso mismo existe tal como lo definió el escritor con sus mismos detalles.

Uno de los episodios más conocidos que describen este fenómeno se basa en el antiguo cuento persa llamado Los tres príncipes de Serendip, origen de la palabra serendipity, que es una forma en la que los ingleses y otros personajes tienen al referirse a lo que los demás mortales denominamos casualidades.
La fama del cuento en Occidente se debe en gran parte a Voltaire, que lo usó en su celebrada obra Zadig, y contribuyó así al origen de la ficción detectivesca y que contribuyó también a la autocomprensión del método científico.

Pero la investigación criminal seria no se basa en casualidades afortunadas, a pesar de que algunos escritores la centren tan solo en eso cuando creen haber descubierto la criminalística, la criminología, la psicología criminal o los criterios de investigación criminal que se ejerce seriamente desde hace siglos por científicos, criminalistas, peritos e investigadores policiales, privados y judiciales.

La investigación criminal parte del esclarecimiento de los hechos acaecidos en la escena del crimen como se ha expuesto, la aportación de informes periciales científicos y el interrogatorio serio de los testigos o sospechosos, todo lo demás es serendipia de aficionados.

Una vez descritas las principales variables que se deben investigar en los homicidios y dejando aparte las instrumentales que son propias de la Criminalística, disciplina que aplican los especialistas de Policía Científica y que merece un estudio detallado en otro capítulo, describiremos como se desarrolla la HIPÓTESIS CRIMINAL.

Se dice que la formulación de la hipótesis criminal busca una posible solución a un problema, en este caso un crimen. También se dice que se debe saber lo que se busca ya que lo que no se busca no se puede encontrar. Debe ofrecer, por ello, respuestas a las interrogantes que se describen en el planteamiento de los hechos comprobados estableciendo relaciones entre los datos obtenidos y los hechos acaecidos.

También se reconoce que esta fase constituye una de las tareas más arduas y complicadas a las que se enfrenta el investigador ya que exige analizar con todo detalle la información recabada hasta ese momento sintetizando de forma objetiva sus conclusiones indubitadas y estableciendo una construcción fáctica del desarrollo de los hechos y la presunta autoría del delito.

Muy pocas veces aparece el fenómeno serendipia en una investigación criminal ya que el procedimiento que se sigue debe ser tasado, razonado y objetivo huyendo del fruto de casualidades en las investigaciones generalistas proscritas por la Ley.

El método empírico-científico tiene toda la fiabilidad ya que su verificabilidad es contrastable por cualquier experto o perito designado por la Autoridad Judicial ya que se trata de un procedimiento experimental basado en ciencias criminalísticas y que se deduce de evidencias halladas en la escena del crimen que se convierten en pruebas que sustenta la hipótesis criminal lo que convierte a este procedimiento en racional, lógico, riguroso, objetivo y verificable lejos de cualquier otro propio del azar o casualidad (serendipia).

El procedimiento seguido en la elaboración de la hipótesis criminal en la investigación de los homicidios y que requiere un detallado análisis de los datos obtenidos hasta ese momento lo podemos resumir en:

  • Análisis del resultado del informe de la autopsia forense (restos biológicos o de otro tipo hallados en el cuerpo de la víctima, lesiones de defensa, restos biológicos del agresor, etc.)
  • Análisis de los efectos hallados en el lugar del crimen y su relación con los hechos.
  • Investigar el entorno personal, patrimonial y familiar de la víctima (vida pública y privada), redes sociales, estado emocional y físico previo al crimen, sus movimientos en las últimas horas en vida y las personas con las que se relacionó, lugares frecuentados, horarios concretos y actividades realizadas, medios de transporte y trayecto empleados, así como los efectos sustraídos a la víctima como teléfonos o tarjetas bancarias.
  • Localización de cámaras y antenas repetidoras de telefonía móvil en las proximidades a la escena del crimen y análisis de sus grabaciones.
  • Analizar y contrastar fielmente las declaraciones de testigos, familiares, amigos y demás contactos personales.
  • Determinar si ha podido haber planificación del homicidio o si hay relación con algún otro delito (robo, agresión sexual…).
  • Si se ha alterado la escena del crimen con posterioridad a los hechos.
  • Determinación del móvil del crimen.

Elaboración de la hipótesis. Realizadas todas estas comprobaciones se podrá determinar la hipótesis criminal lo que permitirá establecer cómo se cometió el crimen, en qué circunstancias, qué instrumentos, cuál fue el móvil y su presunta autoría que deberá comunicarse lo antes posible a la Autoridad Judicial y Ministerio Fiscal a través del atestado policial.

Lógicamente esta hipótesis debe ser verificada previamente por los investigadores antes de que la Autoridad Judicial ordene la imputación o detención del presunto autor de los hechos, en función del resultado de las comprobaciones realizadas, lo que permitirá consolidar la elaboración de la hipótesis con toda solvencia, lejos de criterios casuales o imaginarios carentes de toda lógica procesal.

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