Investigación de los fraudes alimentarios relacionados con el engorde ilegal del ganado

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Se ha dicho, y con razón, que los fraudes alimentarios muestran una dimensión que supera la del consumidor individual, puesto que concurre un interés general a la salud pública referido a la colectividad en su conjunto.

Los fraudes “nocivos” (aquellos que integran atentados contra la salud individual o pública) ofrecen, en la práctica, dificultades en su detección y represión en su caso, en función de las dificultades que surgen a la hora de determinar la peligrosidad de los productos como así lo ratifican las escasas resoluciones judiciales dictadas.

Las conductas consistentes en la manipulación y adulteración de los alimentos destinados al consumo humano, que se agrupan en lo que, quizás impropiamente, suele denominarse fraudes alimentarios, aparecen contempladas como delitos en los arts. 363 a 367 del vigente Código penal de 1995, recibiendo también la denominación de “delitos alimentarios”[1] considerándose como delitos de peligro. (más…)